Toro 2019 por Marcos Eguren

El invierno fue frío y lluvioso, alcanzándose temperaturas mínimas de hasta menos -8ºC y acumulándose una buena cantidad de reservas hídricas (200 mm/m2) hasta los primeros días de marzo. El mes fue muy seco y observándose el primer lloro de las cepas a mediados del mes. Abril fue de climatología regular, iniciándose la brotación los primeros días de este mes. Hubo una bajada importante de temperaturas y ligeras precipitaciones a mediados del mes que provocaron una ralentización de la brotación y el desarrollo de la vegetación. Mayo fue seco y con temperaturas suaves, observándose las primeras flores los últimos días del mes y alargándose la floración hasta el 20 de junio, momento en que subieron las temperaturas y se produjo un desarrollo vegetativo importante.

El inicio de julio fue caluroso con tormentas diversas del 4 al 6 de julio de unos 20 mm/m2, dependiendo de la zona y en algunos viñedos se produjeron daños débiles, debido a que estas tormentas tuvieron una pequeña cantidad de piedra. Se observó el inicio del envero a finales de julio dándose por concluido a mediados de agosto, un mes con ausencia total de lluvia hasta el día 26 y 27 que se acumularon precipitaciones entorno al 16 mm/m2 de lluvia que, seguido de temperaturas altas, provocaron una maduración fisiológica muy rápida. Es decir, aumento de azúcar y manteniendo una muy buena acidez total.

El inicio de septiembre fue fresco, ayudándonos a que no hubiera una gran subida de azúcar y que mejorara mucho la maduración fenólica y aromática, llegando a su punto óptimo en las primeras parcelas más viejas y de menos producción el 12 de septiembre, comenzando dicho día la vendimia, con unos racimos de grano pequeño y una sanidad excelente.

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