Un pensamiento para el largo plazo, por favor

Por Amaya Cervera

¿Cuántas semanas llevamos ya confinados? Aunque en fase de desescalada, todos empezamos a notar ya un cierto cansancio. Para los que teletrabajamos, todos los días se parecen demasiado. Para quienes tienen su negocio cerrado, cada semana que pasa juega en su contra.

La hostelería es una de las grandes damnificadas de la situación y, con ella, toda su cadena de proveedores incluido el vino. Es un efecto dominó difícil de controlar. Y todos sabemos a estas alturas que el aumento de las ventas en alimentación y comercio electrónico no son suficientes para compensar las pérdidas del canal horeca que, además, tiene un peso particularmente importante en nuestro país.

En las viñas se sigue trabajando (la naturaleza no para por el virus), aunque a menudo con menos medios y cumpliendo las medidas de seguridad y de distanciamiento. La visión de las cuadrillas de trabajo haciendo la poda en verde con mascarillas es una de las muchas imágenes surrealistas que nos ha regalado la pandemia. ¿No hay un punto siniestro, por otro lado, en la pérdida de gusto y olfato que afecta a muchas personas infectadas por el Covid-19? Es capaz de alterar la realidad de lo que hay en nuestras copas de la misma manera que ha alterado nuestras vidas. Pasará algún tiempo hasta que los profesionales del vino podamos reencontrarnos en uno de esos salones en los que hasta hace nada escupíamos despreocupadamente a diestro y siniestro.

De crisis a crisis
El coronavirus no ha pillado al vino español en su mejor momento. El sector ya estaba tocado por el Brexit y, muy especialmente, por las tarifas del 25% impuestas en octubre por Estados Unidos que, según el análisis del OEMV (Observatorio Español del Mercado del Vino), supusieron un corte brusco a unas exportaciones que iban viento en popa a lo largo de 2019. Aunque China ha sido el primer país junto a Japón en retomar pedidos en el contexto de la pandemia, su mercado estuvo marcado el año pasado por una ralentización importante para el vino español.

Hay muchos elementos diferenciales con respecto a la crisis de 2008. El principal es la contracción del mercado prácticamente a nivel mundial. No se podrá recurrir a la exportación de forma masiva como se hizo hace una década, incluidas bodegas de zonas entonces emergentes que vieron cómo una gran mayoría de consumidores dejaban de lado su espíritu aventurero para priorizar regiones, estilos y marcas tradicionales (el famoso efecto refugio).

Spanish Wine Lover nació en 2014 al rebufo de esta situación. Con más vino español disponible en el mundo y el apabullante dominio de la crítica anglosajona, tenía todo el sentido contarlo a través de una web bilingüe inglés-castellano con contenido periodístico de calidad. Más aún en el contexto de una explosión sin precedentes de proyectos vinícolas orientados a recuperar terruños y variedades o a reinterpretar estilos tradicionales. 

No es fácil poner freno a ese dinamismo que ha marcado la historia reciente del vino español. Solo hay que ver la cantidad de energía y creatividad volcadas en iniciativas solidarias y de comunicación a través de las redes sociales con Instagram como ganadora absoluta del confinamiento.

Los consumidores, por otro lado, no le han dado la espalda al vino. Por una vez, no ha sido el pariente pobre del segmento de bebidas sino el compañero fiel durante el confinamiento. ¿No habría que explorar y fomentar ese factor emocional que tanto le costaba encontrar al sector?

Nuevos tiempos

Dicen los expertos que el consumidor que saldrá de la crisis no será el mismo. Lo más probable es que interiorice nuevos hábitos de compra y que, en una situación de apretarse el cinturón, elija con más cuidado en qué se gasta el dinero.

Por parte del sector del vino y la gastronomía, se están viendo ya iniciativas para recuperar la actividad. Aunque tener una tienda online no es garantía para vender, bodegas y distribuidores que estaban al margen del comercio electrónico han dado el salto, se están gestando clubes de vinos dirigidos a cliente final y la hostelería intenta reactivarse con propuestas para llevar o entregar a domicilio. Muy posiblemente, se crearán nuevos modelos en los próximos meses que obligarán a los profesionales a actualizarse, “re-formarse” y adoptar la flexibilidad como estilo de vida.

¿Tendrán los restaurantes más en cuenta al vino? Deberían hacerlo. La situación es lo suficientemente compleja y delicada como para intentar buscar el mayor número de sinergias posibles. En especial en un contexto de pérdida temporal del turismo que no es de proximidad.

Lo que genera también una oportunidad única para apostar por la cercanía, el kilómetro cero no solo de la comida sino también del vino, la defensa del paisaje y del territorio… Todos esos valores que una parte relevante del sector lleva años defendiendo y que ahora podrá comunicar a un público cautivo y con la movilidad limitada durante un periodo incierto de tiempo.

La cara oscura, evidentemente, viene de las consecuencias nefastas del parón de la actividad comercial. Crece, por ejemplo, la incertidumbre frente a la próxima vendimia con las bodegas llenas de vino. De hecho, algunas firmas ya han comunicado a sus proveedores que no les comprarán uvas en esta cosecha.

Mirar lejos
¡Qué contraste con el pequeño momento de gloria que vivió el vino español en la segunda edición del salón Viñateros celebrado en Londres a finales de febrero! Concebido como un escaparate de diversidad y dinamismo conquistó a muchos profesionales británicos. Por supuesto, los vinos que allí se probaron estaban a años luz de la imagen de vino barato o de calidad-precio que, por desgracia, aún persigue a España.

Visto en perspectiva, todos los intentos recientes de generar, con mayor o menor fortuna, patrones cualitativos superiores a través de clasificaciones o zonificaciones sirven al mismo objetivo de aportar valor y elevar la imagen de nuestros vinos.

De hecho, el debate entre calidad y revaloración del patrimonio vitícola, por un lado, y dinámica productivista y de precios bajos por otro, que escenificó el Manifiesto Matador a finales de 2015 está muy lejos de resolverse.

Muy probablemente, la crisis actual volverá a demostrar que los vinos de precio con todo lo que conllevan (márgenes bajos, precios ruinosos de la uva para los viticultores, necesidad de negociar con volúmenes cada vez más grandes) son mucho más sensibles a las fluctuaciones del mercado. Pero también amenazará la supervivencia de bodegas familiares y pequeños productores que estaban trabajando por consolidar sus proyectos cuando el virus entró en escena.

En medio de las urgencias y los problemas de los próximos meses, y más allá de identificar hasta la más mínima oportunidad, el sector no debería dejar de preguntarse dónde le gustaría estar dentro de 50 años. Si, como buenos sprinters, hemos sido capaces de reaccionar y unirnos frente a la adversidad (subastas y concursos benéficos, enoturismo para sanitarios, divulgación sin precedentes de la cultura del vino en redes sociales), ¿qué nos impide trabajar con un objetivo común en el largo plazo? Cambiar la imagen y la realidad del vino español es una carrera de fondo en la que todos los actores implicados han de asumir sus responsabilidades.

Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con una trayectoria de más de 20 años en el sector. Ha sido redactora-jefe de la revista Sibaritas, coordinadora de publicaciones de Grupo Peñín y directora de La Revista Todovino, además de catadora para la Guía Peñín y La Guía Todovino. En 2014 fundo www.spanishwinelover.com, una web bilingüe especializada en vino español que publica todos sus contenidos simultáneamente en inglés y castellano. Premiada como Mejor Plataforma Online de Difusión por los IWC Merchant Awards Spain en 2017, 2018 y 2019, el objetivo de SWL es dar a conocer la gran diversidad del vino español en el que es, probablemente, el momento de mayor dinamismo de su historia para los vinos de calidad. Amaya Cervera también realiza colaboraciones periodísticas para medios nacionales e internacionales, participa como jurado en distintas competiciones, es conferenciante ocasional y miembro del Circle of Wine Writers.

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