Una cena en Château Latour: la gran belleza.

Cada año, uno de los momentos más esperados es la visita a Château Latour para catar la nueva cosecha.

Los vinos de la añada 2019 los catamos en absoluta primicia a finales de octubre del mismo año cuando los lotes de diferentes variedades apenas terminaban las fermentaciones y se empezaban a situar. Después, con el COVID-19, cancelamos nuestra tradicional semana bordelesa del mes de abril y tan solo degustamos las muestras de algunos vinos que los diferentes châteaux  nos habían enviado a Barcelona. 

Este año, con limitaciones y siguiendo todos los protocolos, pudimos por fin volver a Bordeaux a catar la cosecha 2020, como habíamos hecho cada primavera desde el año 1999.

Frédéric Engerer –-gerente de Château Latour y del grupo Artémis Domaines-– con quien hace años nos une una buena amistad, organizó una cena muy especial y en petit comité en la propiedad. Me dijo “cataremos Château Latour viejos, muy viejos”.

Cuando Frédéric dice “viejos, muy viejos” significa con botellas casi imposibles de encontrar y que no existen fuera del Château.
En 2015 ya organizó una cena increíblemente generosa para 20 privilegiados de las cuales 17 botellas bailaban desde un “joven” Magnum 1966 hasta un espectacular y emocionante Latour 1865.

Así pues, el martes 4 de mayo por la tarde catamos con Jean GarandeauDirector de Ventas Marketing del grupo ArtémisDomaines (Château Latour,  Domained’Eugénie,  ChâteauGrillet, Clos de Tart y EiseleVineyard)las últimas añadas y después llegaría la esperada cena. 

En el año 2012 Château Latour decidió dejar de ofrecer sus vinos a la avanzada. Se bebían demasiado jóvenes decían y cuando aún no se disfrutaban en su plenitud. Llevaban años guardando stock para comercializarlo en el futuro y no dejar el mercado desabastecido. Este año ponen a la venta Château Latour 2013, Les Forts de Latour 2015 y su 3er vino, el Pauillac 2016. Latour 2013 es la añada más difícil en mucho tiempo. Una rigurosa selección en vendimia dio un vino con un color mucho más abierto de lo que es normal, un aroma delicado y con una accesibilidad inmediata y poca capacidad de guarda. Les Forts 2015 es otra historia: madurez, carnosidad, bien de relleno y muy sápido. Pauillac 2016 tiene los taninos bien polimerizados, con longitud, accesibilidad y a la vez una buena guarda. 

Después de catar los vinos que este año Latour pone a la venta, catamos la cosecha 2020, unos vinos que estarán disponibles aproximadamente entre los años 2026 y 2031. Los vinos de Château Latour de la cosecha 2020 no se comercializarán a la avanzada, y estarán disponibles aproximadamente entre los años 2026 y 2031. Château Latour 2020 tiene una bonita frescura y una fruta con una gran pureza aromática, mucha profundidad y una buena carga de taninos. Las parcelas de L’Enclos –que rodean el château y que participan exclusivamente en el Grand Vin– se cultivan en biodinámica desde el 2017.
Les Forts está entallado y apretado, pero sin ningún atisbo de verdor. Pauillac precisará de la crianza para alargarse y terminar ofreciendo una de las mejores relaciones precio/placer del Médoc. 

La cena

En la cena asistimos siete conocidos y amigos, dos parejas propietarias y directores de algunos de los châteaux bordeleses más famosos, Frédéric Engerer, Jean Garandeau y yo.

Las catas de Frédéric siempre siguen un hilo conductor. Le gusta servir los vinos a ciegas y que haya un tema concreto, como puede ser la variedad, la edad o las añadas. A menudo la sucesión de añadas no tiene una aparente lógica de edad o de intensidad, pero la montaña rusa se adapta como un guante a los platos y sigue una cadencia como una ópera organizada en diferentes actos. El tema de los vinos de la cena era desconocido y por descontado las añadas de las botellas. El menú lo preparó el chef del château y los vinos fueron descorchados y servidos también por personas muy experimentadas de su equipo.

En el aperitivo, dos grandes blancos que por azar tenían burbuja. Dos champagnes viejos y bien maduros. Pero qué difícil adivinar ni tan solo si eran blanc de blancs, blanc de noirs o de ensamblaje. La primera botella era sensacional, con aromas confitados de brioche, toques de levaduras, notas de boletus y de galleta tostada. La burbuja era como una mousse finísima y un final delicioso te incitaba a repetir. La segunda parecía tener más edad. Un perfil diferente, con más madurez y menos nitidez que la primera.

1- Krug Vintage 1982

2- Salon Blanc de Blancs 1982

El Krug era mucho más de lo que se puede esperar de un excelente champagne con 39 años. La botella de Salon estaba un poco cansada y lejos de la mejor que he catado de esta añada.
El juego de los primeros vinos era “la misma añada”, en dos champagnes de referencia con casi 40 años de edad.

En la mesa se sirvieron los primeros tintos que venían decantados en unas preciosas jarras. El primero tenía el color teja de un vino de edad. Pero, ¿cómo acertar la añada si en la anterior experiencia en el Château las confusiones iban de 40 o 50 años arriba o abajo? En nariz era precioso. Qué finura. ¡Qué textura sutil en boca! ¡Qué regalo! Una botella de gran clase. Uno de los invitados lo calificó como muy femenino.

La segunda botella tenía un bonito color naranja verdoso, que recordaba el de los oportos muy viejos con los que demasiadas veces nos obsequia Dirk Niepoort. Por el color parecía más viejo que la primera copa y, además, presentaba pequeños depósitos de materia colorante en suspensión. En el perfume había notas de laurel y en la boca tenía más intensidad, con notas balsámicas y un tanino más marcado.

Parecía proceder de una añada más solar.

2- Château Latour 1950 Magnum

3- Château Latour 1910

¡40 años de diferencia! Este era el juego. 
Del 1950 en el Château solo quedan 6 botellas y 3 o 4 magnum.

La segunda sesión de vinos comenzó con una copa que tenía un color más rubí. En nariz volvían las finas hierbas como el laurel. Aquel vino era muy, muy grande. Tenía la finura y también la intensidad. Era como el magnífico 1950, pero con más entidad.

El siguiente vino tenía un color parecido. Aquí había un nivel alto de volátil que sobresalía y lo amplificaba. Un vino raro y de estilo libre que irrumpía en la sucesión lógica. La textura también era diferente. Uno de los invitados advertía una añada caliente y lo situaba entre 1947 y 1949. Entre los años 40 y hasta inicios de los 60 había mucha volátil en Latour. En los años 50, el Château estaba en un estado lamentable. Frédéric los calificaba como los años Rock and Roll.
¡La botella era de 1893, tenía 128 años! 

3- Château Latour 1953 

4- Château Latour 1893

60 años de diferencia.
Del 1953 les quedan 25 botellas en stock.

El siguiente vino se presentaba también con una gran elegancia. Un vino aéreo. Un invitado volvía a definirlo como de estilo femenino. ¿Cómo es posible definir como aéreo o como femenino un Château Latour que, seguramente para muchos, es el arquetipo de intensidad y peso entre los vinos del bordelés? El mundo al revés.

El vino número 6 tenía un perfume indudablemente más joven. En boca un tanino fino y una textura delicadamente crujiente y que hacía cric-cric, confirmaba la diferencia de edad con la copa anterior. El vino se iba alargando y alargando con un final espléndido. Una botella muy buena.

Volviendo luego a la primera copa de esta serie y pasado ya un tiempo desde que se había servido, la transformación había sido impresionante. De la delicadeza inicial a la intensidad. Del femenino y aéreo a la potencia.
Una bestia magnífica, con 80 años más que la botella número 6. 

5- Château Latour 1924

6- Château Latour 2004

80 años

El siguiente dúo comenzaba con un color marrón que volvía a tener los reflejos verdosos de los viejos oportos, y también del más que centenario Château Latour 1910. El perfume y la boca eran la tierra, con notas delicadas y sofisticadas de corteza de queso y también notas cárnicas. ¡Qué nivel!

El siguiente mostraba mucha más juventud, nivel y un gran potencial. 

7- Château Latour 1896

8- Château Latour 1996

¡¡¡¡¡100 años de diferencia!!!!! 
¡¡¡Qué locura!!! Que lujo disfrutar de una increíble botella de Château Latour de 125 años.

La última botella era un sorprendente Sauternes. Brillante en la complejidad y más apretado que graso y demostrativo. Magnífico y grande Château d’Yquem como vino final de una “soirée” que nos quedará grabada en la memoria.

9- Château d’Yquem 1971

Al día siguiente caté en el château de uno de los amigos invitados a la cena. Me decía “He pasado la noche sin dormir, todavía estoy conmocionado, lo de ayer fue muy fuerte”.

La puerta del cielo.

Cuando catas una sobredosis de belleza, a menudo es durante los días posteriores cuando vas desgranando –ya fuera del colapso del momento– los matices sublimes y únicos de cada botella. 

Degustaciones excepcionales como esta son fuera de lo normal y tan solo las puedes realizar gracias a la generosidad y pasión de personas como Frédéric Engerer que en los últimos años es el guardián del patrimonio histórico de Château Latour y el encargado también de preservar e incrementar aún más su nivel y su excepcional fama mundial. Ha sido el responsable de sacarlo del circuito de venta a la avanzada, pero también de renovar y construir una nueva bodega y nave de crianza, y también de perfilar aún más las elaboraciones y de pasar a la viticultura biodinámica. Cuando tienes la suerte de probar y disfrutar viejos Château Latour los empiezas a entender un poco mejor cuando todavía son jóvenes.

Al final, ¿q es Latour? Latour es la consistencia.
En Latour, el discurso y el vino van alineados. 

¡Bravo y muchas gracias!

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