Viva la etnología (así, con t)

Por Pablo Calatayud

Cada año por estas fechas viene a Moixent mi amigo Jaime Vives-Ferrándiz con un grupo de arqueólogos y estudiantes de arqueología. Jaime es conservador del Museo de Prehistoria de Valencia y director de las excavaciones en La Bastida de les Alcusses (el poblado ibérico que tenemos aquí a quinientos metros de la bodega) y es una delicia hablar con él porque sabe muchísimo de historia y porque es un gran conversador.

Ayer cenamos a la fresca en la masía de mi primo Guillem Lera, abrimos unas cuantas botellas de vino y en la tertulia, que estuvo muy animada, hablamos del nuevo libro de Luis Gutiérrez (Los nuevos viñadores). Mi primo ya lo había leído y a Jaime, que aún no, le intentábamos explicar que hay un movimiento en los vinos españoles y muchos productores, cada vez más, que siguen un modelo de trabajo tradicional, sostenible, respetuoso y muy ligado a la historia, a las personas, al paisaje, a la singularidad de los lugares, pueblos y comarcas y a la recuperación de variedades y viñas viejas y de viejas maneras de cultivar y elaborar. Viñadores preocupados por su entorno que buscan su esencia y que dan sentido a una frase que sale al final del libro y que a Jaime le encantó: “el futuro es el pasado”.

Con mi padre en la “bodega fonda”

También hablamos de dos ciencias que a veces la gente confunde, la etnología y la enología. Si escribes en google “se busca etnólogo”, creen que necesitas un enólogo. A mí me han presentado más de una vez como etnólogo de celler del roure. Yo normalmente lo dejo estar, entre otras cosas porque el título de enólogo tampoco lo tengo. Y digo yo, ¿será esa confusión una especie de premonición? ¿Seremos capaces de hermanar estas dos ciencias que sólo están a una t de diferencia? ¿Conseguiremos que la enología abrace a la etnología?

Anoche yo decía que sí. Pero siendo realistas, la etnología es la historia cultural y a la mayoría no le interesa demasiado la historia ni la cultura. Lo más probable es que el grueso del sector bodeguero preste más bien poca atención a la etnología y siga siendo fiel a la enología química. Nuestra esperanza está en los viñadores, los irreductibles habitantes de la aldea de Astérix, esos adictos a las pociones mágicas empecinados en no cruzar la delgada línea que, como dice nuestro amigo Dani Landi, separa lo artesanal de lo industrial. Muchos de este gremio estamos “confundiendo” a diario la enología con la etnología. Lo deseable sería aprender a hacerlo mejor y ver hasta qué punto nuestra historia cultural nos puede ayudar a seguir dignificando nuestras viñas y nuestros vinos. Y de paso, la vida en nuestros pueblos, porque un rasgo que se repite mucho en los viñadores es el de la generosidad, aderezada con ganas de aprender, de compartir conocimientos y de arreglar el mundo.

L’Altet de l’Ampolla desde el Mas Penadés. Foto: Miquel Francés

La mala noticia para los que queremos aprender de la etnología es que en España hay pocos etnólogos. La buena es que los historiadores, los antropólogos y los arqueólogos también saben mucho de esta ciencia y a los que estudian historia les suele gustar el vino. En el Primer Encuentro de Viticulturas (Granja Remelluri. Rioja. Primavera de 2016) tuve la suerte de conocer personalmente a Luís Vicente Elías que fue uno de los ponentes. Le había leído algo de lo mucho que ha escrito sobre etnología y vino y después de su conferencia me contaba sobre sus andanzas y sobre lo mucho que queda por estudiar y publicar. Elías es otro que da gusto hablar con él. Y aprender. Hace poco se lo escuché a Joan Roca, aprender es el oficio más bonito del mundo.

Con un poco de suerte, algún experto como Luís Vicente Elías o algún colega suyo publicará algún día un manual de etnología para viñadores. O aún mejor. Imaginad que un grupo de expertos encuentran financiación, se ponen manos a la obra y terminan publicando una colección de cuadernos de etnología por comarcas. Por ejemplo, la mía se titularía “ETNOLOGÍA PARA VIÑADORES. Terres dels Alforins”. Sería genial tener estudios etnológicos de cada territorio vitícola. Estudios históricos para ver cambios y continuidades en el cultivo de la vid y en la producción de vino. Estudios de geografía histórica del territorio con profundidad temporal, desde el siglo XX hacia atrás. Estudios etnológicos para conocer diferentes formas de producir vino, variedades, usos sociales, objetos, fiestas, etc. Elaboración de datos materiales y orales (documentos, entrevistas, archivos fotográficos). Estudios para poner en valor y en uso nuestro patrimonio cultural, estableciendo vínculos con el paisaje actual pero también con la historia. Estudios para poner en valor los vinos artesanales vinculados a todas estas cosas…

Decía Gaudí que «la originalidad consiste en volver al origen. De modo que es original aquel que, con sus medios, vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones». Si el futuro es el pasado, la nueva enología será la etnología.

Con Dani Nebot en la “nova fonda”. Foto: Ester Mañez

Pablo Calatayud

Fundador y copropietario de celler del roure. Mi padre, mi mejor maestro, me enseñó lo importante que es ser de un lugar, conocer su historia y tratar de ponerlo todo en valor. Con él y con un puñado de valientes inicié hace veinte años este viaje lleno de aventuras y conocimientos. En el año dos mil nacieron nuestros primeros vinos, “les alcusses” y “maduresa”. El destino nos llevó a desempolvar las tinajas de la “bodega fonda” para que volvieran a empaparse de mandó y otras viejas uvas y fueron viniendo al mundo “cullerot”, “parotet”, “vermell” y “safrà”. Acaba de nacer “les prunes” y estamos embarazados de “les danses”. Este año verán la luz los cuatro vinos de la colección “santpere” (fruto del convenio de colaboración que firmamos con los socios de la Cooperativa del Campo San Pedro Apóstol). Nuestra bodega ha incubado y ha fomentado la creación de unas cuantas bodegas valencianas.

Vivo en Moixent con mi mujer y mis hijas y también soy bombardino segundo en la banda de la S.M. La Constància, promotor de la Asociación Viticultors i Productors de les Terres dels Alforins, vocal del Consejo Regulador de la D.O.P. Valencia, ingeniero agrónomo y miembro de la junta directiva de Alumni UPV (antiguos alumnos de la Universidad Politécnica de Valencia).

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