¿Y si 2019 fuera “El Sueño”? ¿”La Añada”?

Por Mounir Saouma

Soy de aquellas personas que se niega a comentar las añadas antes de acabar la maloláctica, que es 18 meses después de la vendimia, pero estamos viviendo algo excepcional este Año aquí entre Borgoña y Châteauneuf-du-Pape, y me gustaría compartirlo con vosotros.

Tuvimos mucha lluvia al principio de la temporada, imposible de rociar o trabajar la tierra. Después pasamos 5 meses sin lluvia, muy muy secos.

Pero la viña no paró de vivir y trabajar, nuevas hojas, casi ningún signo de estrés hídrico. Esta fue la primera Sorpresa, quizás las cepas empiezan a lidiar mejor con el calentamiento global, ¿unos 17 años después del 2003?

La situación actual con algunos factores, casi imposible de entender:

Vendimiamos Montrachet y Clos de la Roche el mismo día. De acuerdo. Pero vendimiamos las uvas para el Crémant esos mismos días (normalmente suele ser tres semanas o un mes antes); en el sur recogimos mourvèdre y grenache el mismo día (mourvèdre suele ser dos o tres semanas después); finalizamos recogiendo Côtes d’Or para empezar a vendimiar algunos Châteauneuf-du-Pape blancos; no empezamos a cortar ningún Châteauneuf tinto excepto el syrah; Clos de la Roche el 13 de septiembre; Pignan será a principios de octubre.

¿Hasta aquí nada excepcional o sorprendente? Allá vamos. Cuando decimos un verano seco y caluroso, decimos que no hay ácido málico y generalmente baja acidez, pero no en 2019 ya que estamos vendimiando Bâtard-Montrachet con 14% y 4,2 de acidez total en H2SO4 (6,3 tartárico) y 3.15 pH. ¿Todavía os resistís? Tenemos 2 g/l de ácido málico. Solo para vuestra información, en añadas tales como 2003/2009/2015 tuvimos casi cero málico. En el sur no es más comprensible, recogimos Grenache Blanc con 14,5% y 3,9 g/l H2SO4. Nunca habíamos visto este equilibrio en una ‘zona cálida’ como el sur del Rhône, California o España. Las bayas de Syrah son pequeñas y con pieles finas, sin ningún sabor varietal, taninos finos y clásicos.

No hay necesidad de azufre, los jugos son inoxidables, las fermentaciones no empiezan fácilmente y son rápidas, pero la sensación global es GENIAL.

Me encanta mi profesión, estoy orgulloso de ser un elaborador de vino y me siento satisfecho con cada cosecha por distintas razones. 2019 es mi 31ª cosecha y creo que me sentiré orgulloso de decir un día: vinifiqué uva del 2019.

Volúmenes, mezcla de clima frío en la floración, heladas y granizo, sol y sequía, tenemos una cosecha muy pequeña en blancos, casi la mitad (Chassagne es la peor). Los tintos están bien en volumen, en promedio hablamos de la misma cantidad que 2003; una producción pequeña pero con una calidad de ensueño.

Marco Aurelio: “Todo es fruta para mí, producida por tus estaciones, ¡oh Naturaleza! Todo procede de ti, todo está en ti y todo vuelve a ti”.

Nota: embotellaremos nuestros blancos del 2017 después de la vendimia; 2018 todavía están fermentando con poca malo y alcohólicos.

Os deseo lo mejor.

Mounir Saouma
En 1999, irrumpió en el panorama de Bourgogne la primera añada de los vinos de Mounir Saouma: un libanés que durante su estancia en un monasterio de Oriente Próximo aprendió a elaborar vino. Fascinado, se marchó a Montpellier para estudiar enología y, tras trabajar en diversas bodegas de Francia y California, acabó fundando un négoce en Bourgogne junto a su mujer Rotem Brakin. Rotem es ingeniera agrícola y ha sido premiada por sus estudios sobre la Côte d’Or.

El carácter afable y extrovertido de esta pareja les ha aportado grandes amistades entre viticultores de los mejores Premiers y Grands Crus de la Côte d’Or, de donde proceden la gran mayoría de sus vinos. Pese a no ser propietarios de viñedo, han conseguido situar todas y cada una de sus cuvées en el nivel más alto de calidad de la Bourgogne. Mounir decide cada año tras catar los mostos recién prensados cuáles se convertirán en vinos de Lucien Le Moine.
Diez años después de iniciar su aventura vinícola en Bourgogne, Mounir y Rotem presentaron la primera añada de su nueva bodega en el Rhône: Clos Saouma. Allí son propietarios de 8,5 hectáreas en Châteauneuf-du-Pape y 8,9 en Côtes du Rhône, donde elaboran unos vinos con la misma filosofía que en Bourgogne. Una nueva manera de entender y criar los vinos de Châteauneuf-du-Pape, en contacto con las lías y con unas larguísimas crianzas, que ha sido desde el principio recibida con entusiasmo por la crítica, conocedora de su buen hacer.

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