Más viticultores que nunca

¿Otro año extremo? Por supuesto, y quizá va llegando el momento de dejar de hablar de las arduas condiciones climáticas de las añadas que nos está tocando vivir en las viñas sobre los glacis del monte Yerga.

La persistencia del calor, la ausencia de intercambio térmico, las lluvias desesperantemente irregulares y esa sequía que se abate sobre las etapas en que más falta hace el agua del cielo: todo ello ya es la normalidad. Como normal es también nuestra respuesta, que surge con fuerza y gozo de la honda vocación de la gente del campo y la viña.

Porque somos viticultores. Más que nunca reivindicamos el oficio y valoramos la devoción lúcida y experimentada por la complejidad del paisaje. Nuestra mirada de ojos entornados por el cierzo está curtida por todas las jornadas de trabajo en el viñedo. Y es paciente y sagaz, atenta siempre a los devenires del clima.

El principio: de un otoño lluvioso a la alegría de la nieve de febrero

Los últimos meses de 2022 llenaron de agua los suelos agotados. No son éstas las mejores lluvias del ciclo, pues caen cuando el viñedo entra en letargo, pero todo ayuda a paliar la aridez persistente. Con el campo húmedo entramos en un invierno que sería frío y seco, netamente mediterráneo. El 5 de febrero vimos con gozo un manto de nieve en La Montesa y en Valmira. Fue muy bienvenida y ayudó a preparar suelos y plantas para una brotación que resultó temprana, empujada por un fenómeno que está dejando de ser sorprendente.

El gran salto de marzo

Mediado el mes de marzo, tras haber superado unos días gélidos, las temperaturas medias se despidieron del invierno escalando más allá de los 15 grados, con frecuentes picos cerca de los 25. Primeros calores primaverales y ni gota de agua. Cero litros en marzo, unos insuficientes 17 litros en abril y de nuevo cero en mayo. Es increíble lo de estas últimas primaveras tan secas.

En mayo el calor se moderó algo, pero entramos en junio de nuevo con altas temperaturas. La auténtica novedad fueron las lluvias, que sumaron en todo el mes 91 litros en La Montesa y 85 en Valmira. Estos valores suponen casi un 25% de lo que acabó lloviendo a lo largo del ciclo.

El verano de las decisiones

Las lluvias de junio humedecieron los necesitados suelos y corrimos a laborear y asegurar al máximo las reservas hídricas. Los trabajos de campo bajo los rigores de la tierra ibérica pasan de la quietud absoluta a una lucha contra el reloj, y es en esos momentos de tensión cuando se revela el auténtico talento de los viticultores, entre la audacia, la sangre fría y la capacidad de poner en práctica conocimientos e intuiciones.

Las decisiones agronómicas habían empezado un suelo esponjoso mucho antes: previendo hipotéticas inestabilidades, habíamos abonado a conciencia, con mucha cama de paja en los ciemos alimentando así la microbiota, generando buena estructura y esponjosidad para captar la imperceptible humedad de las lluvias e incluso de las noches.

Entrado el mes de julio, mientras nos disponíamos a iniciar la necesaria poda en verde en nuestras parcelas de Yerga, cayó una tormenta de granizo que afectó especialmente el lado oeste de las hileras de La Montesa. Tuvimos que quitar la vegetación dañada, mientras en Valmira, donde el pedrisco fue mucho más leve, vendimiamos en verde para retirar algunos racimos tocados por la piedra y el oídio.

Las cosas se complicaban en el verano del calor. La humedad que dejaron las tormentas de julio, el riesgo fúngico, las noches tropicales y el desequilibrio de una naturaleza que aparecía seca y menguada, a pesar de las últimas precipitaciones.

Tanto estrés acumulado, tantos esfuerzos… ¿Arrojarían resultados positivos?

El tiempo de los nuevos aprendizajes

Las vides parecen siempre ajenas al peligro. No es que estén exentas de los efectos de las distorsiones climáticas, pero viven por encima. Fuertes y arraigadas a su presente, encontrando la energía y agradeciendo nuestra atención extenuada.

El viñedo de las faldas de Yerga soportó las olas de calor de agosto de 2023 y llegó a las puertas de la vendimia con cierto aire pletórico de resiliencia y vitalidad. Toda una lección del poder natural, del que nunca dejamos de aprender para renovar usos, alumbrar ideas e imaginar los horizontes de la viticultura que viene.

LOS VINOS

Un prodigio de armonía

Entre el clima de locura y las interminables horas entre vides nace una nueva expresión de encantos por descubrir. Es la finura que se abre paso en el esfuerzo, y que nos mantiene en vilo hasta el límite. La vendimia fue la muestra: empezamos el 8 de septiembre, pero tuvimos que parar diez días por un periodo de lluvia insistente. Tras el suspense, pudimos retomar la cosecha el día 18, para acabar el 22 de septiembre en Valmira y el 10 de octubre en La Montesa.

Como en 2020 y 2022, notamos un tenue cambio en la tipicidad aromática de los vinos. Se distancia levemente de los frutos rojos más crujientes para aproximarse a una fruta más intensa. Cerezas maduras, fresones, quizá ciruelas negras… Por el lado más cítrico, de un recuerdo de pomelo pasan hacia una mandarina madura, incluso una sanguina en completa sazón. La armonía vinosa define su estructura con una verticalidad magnética y sólida. La sensación de un manantial del que emana un caudal de vida, con sabores que arrebatan y dan paso a un final persistente y de gran intensidad retronasal.

Un apunte final sobre los vinos de Valmira y la primera edición del nuevo vino Valdelareina, dos cúspides de nuestras parcelas. Son excepcionales en su sensualidad y sabor, de fruta redonda entre pulpa carnosa y fibra de naranjas rojas. Dos sensaciones climáticas, entre la calidez y la frescura, se unen en la explosión en boca del entramado de filamentos vegetales, bien atados en un envoltorio de textura delicada y color profundo. Mucha vida y verdad en uno de los años de más consciente vocación vitícola que hemos experimentado en Rioja Oriental.

Datos relevantes

Precipitación anual: 411 mm (Finca La Montesa), 419 mm (Quiñón de Valmira)
Temperatura media: 15,5 ºC (Finca La Montesa), 14,9 ºC (Quiñón de Valmira)
Brotación: a partir del 22 de marzo
Floración: a partir del 16 de mayo
Envero: a partir del 28 de julio

Fechas de vendimias:
Finca La Montesa: desde el 18 de septiembre hasta el 10 de octubre
Plácet de Valtomelloso: 18 de septiembre
Valdelareina: 28 de septiembre
Quiñón de Valmira: 21 y 22 de septiembre