A caballo de un momento histórico

Momento histórico en el Priorat. Inmersos en el día a día, puede parecer difícil captarlo con todos sus matices. Nuestra decisión está clara: discernir el presente a partir de la observación activa. Mientras esperamos el alivio de las lluvias feraces, nos centramos en la tierra y sus vides, inspirados por el buen juicio vitícola que nos ofrece la historia.

Desde que los monjes de Escaladei extendieron el cultivo de la viña por las empinadas laderas de llicorella, la historia de nuestra viticultura ha seguido una narrativa de ajuste y adaptación. Brusca unas veces, paulatina otras, pero siempre como una constante de los siglos. Las guerras remensas, la desamortización, el oídio y la filoxera, la crisis de 1898, el abandono rural, la expansión de este siglo… ¿Cuándo hemos conocido la estabilidad secular? Somos mediterráneos, ¡si hasta Homero consideraba nuestro mar agitado, cambiante y turbulento!

Tras largos años de calma, la realidad nos recuerda ahora mismo, en los cerros oscuros y las viñas del Priorat, que pertenecemos al cambio. Que ese es el estado normal. Y que lo natural es asumirlo con responsabilidad, conocimiento, decisión y sentido del compromiso.

Ante el año más seco

Sequía crítica en Catalunya: este es el titular de todos los medios. Bajo las palabras, una dura realidad. Las tensiones se acumulan en el agro catalán y semana tras semana van filtrándose en todas las capas de la tierra, como si fueran gotas de esa agua que falta. Los paisajes se modifican y los cultivos sufren. El proceso es rápido y cuesta asimilarlo.

En Gratallops cayeron menos de 250 litros entre noviembre de 2022 y octubre de 2023. Menos que en los cinco años precedentes. En primavera, etapa crucial, sólo vimos 43 litros en cuatro meses. Bajo el sol intenso, la escasa humedad desaparece enseguida de las lajas de pizarra. La aridez se ha impuesto en la comarca y dado que no sabemos qué evolución nos deparará el futuro, hemos optado por el camino del esfuerzo supremo y la máxima plenitud.

Afirmación viticultora

En el mundo del vino muchas veces se ha exigido más a las vides que a las personas. Nuestra visión es diferente. Las cepas están respondiendo con nobleza y autoestima incluso en las más adversas condiciones, lo estamos comprobando estas últimas añadas, así que hoy somos nosotros quienes asumimos el esfuerzo adicional. Si es por adaptación y solvencia, sintámonos herederos de todas las generaciones de campesinos que pisando el suelo inestable de los costers han logrado superar los retos de cada tiempo.

Ante todo, una afirmación consciente: somos viticultores. Pertenecemos a la gente ligada a la tierra, imaginativa cuando es necesario, perseverante, tácita la mayor parte de las veces y con un arraigado espíritu de cooperación. Estas son nuestras maneras tradicionales, que hoy, en una época de desafíos climáticos inimaginables hasta hace poco, toman la forma de una viticultura a la medida de cada pequeña parcela, de cada hilera y de cada vid individual.

Somos viticultores: en concreto, esta añada 2023, 30 personas en nuestras viñas de Gratallops y Bellmunt, más que nunca porque todos los recursos son pocos ante el contexto del presente. Ojos, manos y músculos para recorrer los costers uno a uno, con una labranza meditada, excavando cepa a cepa, retirando hierbas, trazando líneas de aguas y construyendo pequeñas pozas, cuidando cada brote y acompañando cada uva porque en cada uva está contenido el mundo entero.

El agua

Por primera vez en nuestra historia, hemos decidido hidratar las vides parcialmente. Aportar vida a quien tanta vida nos ha dado. Lo hemos hecho valorando la realidad geoclimática de cada paraje, de modo que el refuerzo se ha concentrado en las viñas sobre suelos rocosos, donde la mineralidad compacta del puro cuarzo genera una especial necesidad hídrica. También en los altos de las colinas, donde la erosión despoja al suelo de materia y capacidad de absorción.

Pero conseguir agua no es fácil. La sequedad llega a todos los extremos y la provisión también padece la escasez. Es una lucha de adaptación, pero nada es comparable al aguante y al sufrimiento de los árboles y los matorrales, del paisaje entero.

¡Dónde están las paredes umbrías remojadas por hilos de agua que nos acompañaban por los caminos del Priorat hace apenas cinco o seis años!

El vino

En el tiempo caliente y seco que vivimos, las uvas permanecen pequeñas, concentradas en su interior, como una fresca casa de pueblo pegada a la roca y protegida de los ardores por gruesos muros y un pocillo de agua cristalina. Son delicadas y poderosas a un tiempo, cómo no van a serlo para resistir y triunfar sobre las arduas pruebas del clima.

De ellas nacen los vinos más esenciales que hayamos obtenido de las viñas empinadas en las laderas calientes. Paradoja, prodigio y adjetivos que se agotan para explicar la grandeza, el aroma puro, las sensaciones de emoción. Henchidos de sabor y aromas honestos, fieles a su geología, nos inundan de inspiración, asombrándonos con sus delicadas fragancias joviales e intactas. Su textura conmovida derrocha equilibrio y armonía, y contiene mejor que nunca la gran energía del sol. Su gusto maravilloso se agarra al sabor de la tierra y estremece con su magia casi como si sintiéramos un milagro.

Es el misterio profundo de las uvas de garnacha. Ahí están dándonos un gran vino y una gran lección. Si el mundo nos desafía con sus cambios, cómo no vamos a seguir el ejemplo de las uvas del Priorat. Y trabajar y trabajar y trabajar.

Datos relevantes

Precipitación anual: 268 mm (Finca Dofí), 249 mm (L'Ermita).
Temperatura media: 16,5ºC (L'Ermita), 17ºC (Les Aubaguetes).
Brotación: a partir del 22 de marzo
Floración: a partir del 5 de junio
Envero: a partir del 14 de julio

Fechas de vendimias:
La Ermita: 5, 6, 9 y 11 de octubre
Les Aubaguetes: 28 de septiembre, 3 y 4 de octubre
La Baixada: 8 y 10 de septiembre
Finca Dofí: Del 4 al 27 de septiembre
Gratallops Vi de Vila: Del 2 de septiembre al 10 de octubre