2023: Dos caminos y un destino

Si hay algo que ha destacado en 2023 es que las viñas han experimentado dos ciclos diferenciados: el de la vegetación y el de la fruta. Ambos han iniciado el mismo camino, pero han seguido distintas bifurcaciones, con sus propios ritmos.

El tiempo marca el camino y la viña se va adaptando a lo largo del año a sus avatares para crecer, detenerse, rebrotar o sacrificar sus hojas para centrar su esfuerzo en madurar la fruta, que condensa y memoriza todo lo ocurrido en el año.

El inicio de 2023 vino marcado por lluvias impropias del invierno, que se sumaban a las de finales del año anterior, además de algunas nevadas. Febrero llegó con temperaturas suaves y un veranillo que marca a menudo el principio de un nuevo ciclo. Marzo, abril y mayo fueron meses con temperaturas elevadas para Soria y muy secos, lo que adelantó la brotación al 17 de abril en un campo sin apenas vegetación y un paisaje ajeno al sueño de una exuberante primavera. Las heladas históricas, que alcanzaron los -6 ºC los días 17,18 y 19 de mayo, obligaron a las viñas a brotar de nuevo.

Hasta aquí, la primera parte de la película, con un invierno primaveral y una primavera invernal que hacían presagiar la catástrofe. Pero a veces los giros del guion nos encaminan hacia un final inesperado.

La llegada de junio cambia por completo la historia. Con lluvias y temperaturas suaves, la floración se adelanta al 4 de junio, la vegetación se lanza de nuevo y pronto conviven en la viña flores encapuchadas y uvas de tamaño perdigón con los estragos de las heladas tardías. Las altas temperaturas llegan en julio y agosto, pero el campo se mantiene verde y el suelo se siente alfombrado y esponjoso, como de algodón. Las viñas siguen en crecimiento, vivas y frescas, sin signos de estrés hídrico y notamos el principio del envero el 29 de julio.

El final de la película llega con las lluvias de comienzo de septiembre que hacen engordar la mermada producción de la fruta, que alcanza su punto óptimo, perdiendo acidez, pero manteniendo un buen pH y alcanzando los 13 y 13,5 grados de alcohol. Las viñas, sin embargo, siguen en crecimiento, transmitiendo sensación de vitalidad, con ganas de terminar un ciclo vegetativo que se ha retrasado por los desacoples de las estaciones, pero las temperaturas son ya más frescas, propias del otoño.

La vendimia, el 19 y 20 de septiembre en Dominio de Es, llega cuando aún la fruta está viva, con actitud abierta y joven. Esta frescura de la fruta se traduce en una parte aromática muy destacable y una fermentación alcohólica dinámica y fácil. Y ya se sabe que cuando un proceso no se fuerza, es cuando surgen los mejores resultados.