Acostumbran a ser los inviernos cada vez más cálidos. También las añadas. Las lluvias se concentran en menos días y las horas sin nubes aumentan. Los tiempos están cambiando.

Poco a poco todo está cambiando y 2023 no fue una excepción. El lluvioso otoño fue seguido por un invierno sin frío donde comenzó la mayor sequía que se haya conocido en la región. Prácticamente ni una gota en cinco meses. Surrealista para unas montañas acostumbradas al frescor en los bosques. Peor si cabe tras una añada 2022 exigente, cálida y seca. Una segunda primavera con una sequía tan pronunciada hizo que las hojas nos hablaran de un sufrimiento jamás imaginado. ¿Cómo podrán vivir las viñas sin agua?

No fue hasta junio que empezó a llover. Doscientos litros cayeron como una verdadera bendición iluminando el paisaje y purificando el aire del filtro polvoriento. Sin embargo, la lluvia coincidió con la floración y en Iruelas nos golpeó fuertemente el granizo. La 2023 es una añada corta.

Estas abundantes lluvias nos trajeron una primavera tardía guardando frescor en el suelo hasta entrado agosto, en un verano no especialmente caluroso y sin tormentas.

Y llegó septiembre. Comenzó a llover. Cien litros la primera semana, seguidos por otras dos semanas donde los cielos nublados y el frío fueron una constante. Fue una vendimia con noches verdaderamente frías y lluvias intermitentes. Una luz de esperanza se dibujó en nuestros rostros.

Fechas de vendimia y producción:

Las Iruelas: 21 y 22 de septiembre; un foudre 1.400 litros y un huevo de 700 litros.

Las Umbrías: 22 de septiembre; un foudre de 1.400 litros.

El Tamboril (tinto): 28 de septiembre; un foudre de 1.000 litros

Tumba del Rey Moro: 29 de septiembre, un foudre de 1.200 litros.

Rumbo al Norte: 4 de octubre, un foudre de 1.000 litros.

Una vendimia que, por primera vez, pudimos elaborar en nuestra nueva casa después de dos años de obras y desvelos. El 11 de septiembre la comenzábamos y justo ese día Iberdrola nos daba el alta después de interminables meses de espera.

No recordamos una vendimia tan feliz y con mayor sentimiento. Las noches estrelladas iluminaron nuestro cansancio compartido con un equipo que nos ha seguido fielmente durante años trabajando en incómodos garajes. Desde aquí nuestra enorme gratitud y reconocimiento.

2023 es una añada con el carácter y la energía de aquel que sobrevive a una gran sequía. Regada a golpes de agua y preocupación, pero con un último mes maravilloso. El frío de septiembre hace siempre buenos vinos. Es una añada donde el jugo vuelve a fluir delicioso, ligero y fino. Una añada que supera las expectativas, llena de emoción y uvas que parece quisieran levitar hasta las estrellas compartidas.