
En 1791, Louis Gaspard d’Estournel heredó las propiedades de Cos y Pomys, que contaban con 14 ha de viñedos, que fue ampliando con nuevas adquisiciones, convencido de que la colina donde se ubicaban albergaba un terroir excepcional. Fundó Cos d’Estournel en 1811, guiado por el deseo de producir uno de los mejores vinos del mundo. No tardó en alcanzar un gran prestigio y decidió no comercializar el vino a través del sistema négociants, sino que prefería venderlo directamente a sus clientes. De hecho, se exportaba a numerosos países del mundo y una gran parte de la producción se vendía a la India. Esa conexión fue la que inspiró gran parte del diseño arquitectónico que se aprecia todavía hoy en Cos d’Estournel. Para adornar su château, eligió coronarlo con pagodas monumentales, dándole una apariencia de misterio y originalidad única. Cos d’Estournel es vecino de Lafite Rothschild. Ambas propiedades están separadas por el pequeño arroyo Jalle de Breuil, que a su vez divide Pauillac y Saint-Estèphe. En gascón antiguo, “cos” significa “colina de guijarros”, y el viñedo se asienta sobre profundas gravas y arcillas enciama de un lecho rocoso de piedra caliza. Ocupa la parte superior de una meseta, extendiéndose a ambos lados de las laderas, con diversas orientaciones, rodeados de un paisaje rico y variado de bosques, setos y pastos. Las 91 ha actuales están plantadas en un 60% con cabernet sauvignon, aproximadamente, y el resto con merlot y una pequeña superficie de cabernet franc y petit verdot. Históricamente, el Grand Vin, basado en esta variedad, tenía un alto porcentaje de merlot en comparación con otros vinos del Médoc, aunque esta proporción ha disminuido en los últimos años. Tras la muerte de Louis Gaspard d’Estournel, la propiedad pasó por diversas manos, entre ellas Bruno Prats, quien decidió venderla en 1998. En el año 2000 fue adquirida por Michel Reybier, que cuenta con otros domaines, como TokajHétszölö en Hungría y Château La Mascaronne en Provence. Reybier tomó importantes decisiones estratégicas, como contratar a JeanGuillaume Prats –el hijo de Bruno Prats– para que le ayudara en el diseño de la nueva bodega, que se construyó en 2008, siendo la más moderna de todo Bordeaux en aquel momento, pero conservando la arquitectura exterior del edificio. Los estudios de suelos han orientado las vinificaciones parcela por parcela. Desde la recepción de la uva, todo el proceso se realiza enteramente por gravedad y cuentan con un moderno sistema de depósitos-elevadores para preservar la integridad de la fruta. El resultado són vinos con una textura más refinada y sabores frutales más vibrantes, con tanta intensidad de sabor y persistencia como siempre y una gran capacidad de guarda. Michel Reybier, tras más de dos décadas de inversiones y mejoras constantes en una permanente búsqueda de la excelencia, puede enorgullecerse de ofrecer en la actualidad algunos de los mejores vinos del Médoc.