
El mítico Clos de Tart, con casi 900 años de historia, ha tenido 4 propietarios. Es el mayor monopole clasificado como Grand Cru y se considera uno de los viñedos más prestigiosos de la Côte d’Or.
La bodega se sitúa en lo alto del pueblo, a pie de viña, justo al lado del famoso camino de la Route des Grand Cru, que recorre los viñedos más emblemáticos. Durante sus casi 900 años de historia, el viñedo ha permanecido indiviso, algo muy infrecuente en la Bourgogne. La finca únicamente ha cambiado de manos cuatro veces. Desde 1141 hasta la Revolución Francesa, perteneció a las monjas bernardinas de la abadía de Tart; en 1791 fue vendida a la familia Marey-Monge, que la conservó hasta 1932, cuando fue adquirida en subasta por la familia Mommessin. En 2018, la familia Pinault, a través de Artémis Domaines, se convirtió en propietaria de la finca.
Desde 2015, en la finca se practica la viticultura ecológica, y la cosecha de 2018 fue la primera certificada. Por otro lado, las prácticas biodinámicas se introdujeron en 2016, con certificación oficial en 2019. El equipo, dirigido por Frédéric Engerer y gestionado localmente por Alessandro Noli, trabaja cada día para mostrar este tesoro de la Bourgogne e interpretar su personalidad singular con el máximo cuidado. La bodega ha sido completamente reformada y rediseñada para permitir la vinificación parcela por parcela para conseguir refinar los ensamblajes.
Ocupa una extensión de 7,53 hectáreas, plantadas íntegramente con pinot noir con una edad media de 60 años, aunque cuenta con algunas cepas centenarias.
Deseosa de preservar el carácter único de sus viñedos y salvaguardar su diversidad genética para las generaciones futuras, utiliza material genético derivado de sus propias selecciones masales.
Actualmente, Clos de Tart mantiene una biblioteca de 72 cepas individuales en su propio vivero en Morey-Saint-Denis.
Las viñas forman hileras perpendiculares a la pendiente de la colina –una verdadera rareza que dificulta el trabajo del viñedo, pero que mantiene la estructura del suelo y lo protege de la erosión–. Además, la exposición sureste favorece que los racimos siempre reciban la luz del sol.
La vendimia se realiza manualmente, seleccionando los racimos en el viñedo y también a su llegada a la bodega, vinificando por separado las uvas según el tipo de suelo. Dependiendo de la añada y de los diferentes sectores dentro del clos, se modifica el porcentaje de racimos despalillados, aunque siempre mantienen intactas las bayas, que se vinifican, con levaduras indígenas, en depósitos de madera troncocónicos, con termorregulación. Tras 18 meses de crianza, el vino continúa evolucionando lentamente en botella.