Domaine Fourrier

Domaine Fourrier
Borgoña
Gevrey-Chambertin
Año de fundación: 1994

Con tan solo 23 años, en 1994, Jean-Marie Fourrier se hizo cargo de las 10 hectáreas de su padre Jean-Claude. Poco tiempo antes había realizado prácticas de trabajo en el Domaine Drouhin de Oregon y en Vosne-Romanée con el famoso enólogo Henry Jayer, de quien aprendió los secretos para elaborar un gran vino: mantener un viñedo sano y bien cuidado y seguir técnicas lo menos intervencionistas posible durante la elaboración. Jean-Marie Fourrier amplió la gama, vinificando y embotellando las parcelas clasificadas como 1er Cru en propiedad en Gevrey-Chambertin por separado, a diferencia de su padre, que elaboraba un único vino ensamblando todas las uvas.
Pero la historia empezó antes de la llegada de Jean-Marie. En los años 30, Fernand Pernot, una célebre estrella de la época, y su cuñado, de la familia Fourrier, tenían en común unas parcelas en Griottes-Chambertin Grand Cru y en Gevrey-Chambertin 1er Cru Clos Saint-Jacques, con las que elaboraban vinos bajo la etiqueta Pernot-Fourrier. Fue Pernot quien tomó la decisión de que su sobrino Jean-Claude Fourrier se hiciera cargo del negocio.
Actualmente, Domaine Fourrier posee casi 9 hectáreas repartidas por la Côte de Nuits. En Gevrey-Chambertin heredó las viejas parcelas familiares, 0,26 ha en Griotte-Chambertin Grand Cru y 0,89 ha en el 1er Cru Clos Saint-Jacques, además de otras parcelas en viñedos 1er Cru como Champeaux, Cherbaudes, Combe Aux Moines o Goulots. En Morey-Saint-Denis tiene el 1er Cru Clos Sorbè, en Chambolle-Musigny el 1er Cru Les Greunchers y en Vougeot el 1er Cru Les Petits Vougeot. Junto a estos nombres de culto entre los aficionados, también es propietario de varios lieux-dits que son el inicio de gama y un reflejo del estilo particular de Fourrier.
Además de su viñedo en propiedad, Jean-Marie decidió en 2011 establecerse también como négociant, comprando uva en aquellas denominaciones donde no era propietario de viñedo para evitar cargar con deudas excesivas a las siguientes generaciones.
La bodega está equipada con la última tecnología para reducir al mínimo la intervención durante la elaboración. Como Jean-Marie dice: “No tengo casi nada que hacer en la bodega, los vinos se hacen a sí mismos y todo mi trabajo se concentra en el viñedo”. Los racimos caen por simple gravedad en una despalilladora de manera muy suave para no dañar las uvas. La maceración prefermentativa es muy breve, de 3 o 4 días, y no se refrigera para favorecer el comienzo de la maceración carbónica en el interior de las uvas y para que se rompan espontáneamente.
La fermentación alcohólica se realiza gracias a las levaduras indígenas presentes en el mosto, con frecuentes bazuqueos manuales, 2 o 4 veces al día, para mezclar los hollejos con el mosto. Una vez finalizada disminuye la temperatura del vino hasta los 12ºC para detener temporalmente el inicio de la fermentación maloláctica.
Todos los vinos, tanto los village como los Grands Crus, se trasiegan a barricas de roble nuevo al 20% donde tiene lugar la fermentación maloláctica y se retiene el dióxido de carbono producido naturalmente, lo que evita su sulfitado. Tras la crianza, que se alarga entre 16 y 20 meses, se dejan reposar dos meses más en depósito de acero inoxidable antes de su embotellado.