Raíz
Heredero de una tradición familiar ligada al viñedo que se remonta a más de tres siglos, François Carillon crea vinos precisos y afinados, reflejo de la pureza de cada uno de sus terroirs.
La familia Carillon, establecida en Puligny-Montrachet, son viticultores desde 1700. Desde hace décadas, la simple mención del apellido Carillon evoca automáticamente la imagen de grandes vinos blancos borgoñones.
En la década de 1980, François y Jacques, los dos hijos de Louis Carillon, empezaron a trabajar con él en el domaine familiar, hasta que en 2010, los dos hermanos decidieron separar sus caminos. Se repartieron los viñedos en propiedad del hasta entonces Domaine Louis Carillon et Fils y surgieron dos nuevas bodegas, cada una con su propio estilo.
Antes de la separación, François Carillon era el encargado de la viña, y ahora, como propietario de su nuevo domaine, sigue considerándose, ante todo, un homme de la terre. “Quiero seguir siendo un campesino”, afirma. Trabaja con métodos de agricultura ecológica sus 17 hectáreas de viñedo, repartidas entre Puligny-Montrachet, Chassagne-Montrachet y Saint-Aubin, incluyendo 9 parcelas clasificadas como Premier Cru. Desde 2024, Arnaud Bertrand es responsable técnico de la bodega y los hijos de François
Carillon se preparan para continuar con el legado familiar.
La bodega se encuentra en unos antiquísimos edificios propiedad de la familia, en el casco antiguo de Puligny-Montrachet, donde una piedra grabada con una inscripción del 1611 –que él remarca en sus etiquetas– da fe de una historia secular.
Considerado un maestro de la chardonnay, que representa el 90% del viñedo, también cultiva admirablemente la pinot noir y la injustamente olvidada aligoté. En la crianza, el uso de barrica nueva se ha reducido progresivamente hasta el 10%, para dar mayor protagonismo a la fruta.
Un referente de Puligny-Montrachet, cuyos vinos destacan por su equilibrio, finura y gran potencial de guarda.







