Marisa Cuomo y Andrea Ferraioli fundaron el 1980 una pequeña bodega en el evocador e idílico paraje de Furore (Salerno) con 10 hectáreas de viñedos de variedades locales –Fenile, Ginestra, Ripoli, Falanghina y Biancolella– que durante centenares de años han sido cultivados en la Costa Divina, la bodega busca el equilibrio entre frescura, humedad y envejecimiento en esta zona del sur de Italia.
Su viticultura heroica está presente en su enclave. El propio pueblo de Furore tiene tal pendiente que sus calles no llegan a juntarse en torno a una plaza. Cada centímetro ganado a la montaña se convierte en un lugar habitado, por sus gentes o sus viñedos. Los racimos que crecen aferrados a la roca de Furore están expuestos a la convivencia entre el sol y el mar de la costa de Amalfi.