Raíz

Peter Sisseck, de origen danés, se instaló en la Ribera del Duero en 1990 como director técnico de Hacienda Monasterio. Rápidamente, se enamoró del entorno, su gente, sus tierras y las posibilidades de la zona. Con una amplia trayectoria enológica en Bordeaux y California, su empeño por crear un gran vino con elaboraciones artesanales y producciones limitadas dio finalmente fruto cuando descubrió unas viñas viejas en el término de La Horra (Burgos). Ahí fue donde encontró la concentración de fruta y el mosaico de suelos y cepas que buscaba.

En 1995 decidió elaborar en un garaje en Quintanilla de Onésimo (Valladolid) su primer gran vino: Pingus. Años más tarde, en 2004, respetando la imagen de pureza y elegancia de sus vinos, terminó el proyecto de su bodega Dominio de Pingus en el mismo pueblo.

Sus viñedos, plantados con la variedad tinta del país (tempranillo), se encuentran en el corazón de la Ribera del Duero, en las colinas onduladas de La Horra-Roa. Entre los 700 y 850 metros de altitud, se cuidan meticulosamente con la práctica de la viticultura biodinámica.

Para Pingus, la uva procede de dos emblemáticos viñedos prefiloxéricos plantados en 1929. El primero, Barroso, se encuentra en una antigua terraza del Duero con un alto contenido en grava y arena sobre arcilla y cal. San Cristóbal, el segundo, es una ladera arcillosa con exposición suroeste. Se vinifica con uvas enteras en foudres de 2.000 litros, para la posterior fermentación maloláctica y crianza de entre 20 y 22 meses en barricas de roble francés.

Para Flor de Pingus, la uva proviene de 16 pagos diferentes, algunos con viejas cepas, vinificados por separado. Posteriormente, pasan por una crianza de entre 16 y 18 meses en barricas de roble francés.

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